Torneo Escolar de Debate

Análisis del debate presidencial en Estados Unidos

Volvemos este curso con ganas avid e más debate y no nos está siendo difícil encontrar enfrentamientos dialécticos de los que aprender, para lo bueno y para lo malo.

Por si estás interesado en ver cómo se defienden verbalmente los “debatientes” al otro lado del charco te dejamos el vídeo del debate presidencial estadounidense.

Análisis de nuestros jueces

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Marta Salgado. Análisis indumentaria.

Contra todo pronóstico y como si los asesores de ambos candidatos se hubieran puesto de acuerdo, Hillary sustituye el azul demócrata por un traje de color rojo y Trump apuesta por el color azul en su corbata. ¿Cuál era su objetivo? Según los expertos, tanto Trump como Clinton están en un momento clave en el que deben utilizar todas las herramientas posibles para obtener los máximos apoyos de los estados rojos y azules. De forma indirecta, era una llamada al cambio.

Analizando con más detalle cada uno de los estilismos. En el caso de Donald Trump, que utilizó un traje de chaqueta color negro y camisa blanca, sigue manteniendo un estilismo poco favorecedor. La elección de la corbata color azul  como llamada de atención pierde fuerza por ser excesivamente larga y con un diseño pasado de moda. El único punto positivo en su look fue la bandera de los EEUU que lucía en su solapa, algo valorado positivamente en las rrss y que apoyaba el sentir patriótico de los estadounidenses.

Por el contrario,  Hillary,  que cuenta con el asesoramiento de Ana Wintour, redactora jefe de Vogue y Kristina Eschake, asesora de Michel Obama, se decantó por un traje pantalón color rojo. A pesar de ser un habitual en sus apariciones públicas, tanto por el corte simétrico del traje,  que le aportaba seguridad y el color rojo  que le daba vitalidad y fuerza, Hillary Clinton fue la clara vencedora con la elección de su estilismo.

jorge

Jorge Méndez. Análisis del fondo.

El debate electoral para las Elecciones Presidenciales de EEUU en noviembre de 2016, entre el republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton ha dejado puntos a señalar desde el punto de vista de la oratoria.

Respecto al fondo, tanto Clinton como Trump han recurrido a argumentos muy poco variados durante la hora y media de debate, de manera que en algunas ocasiones los discursos han sido redundantes. Clinton tenía como elemento vertebrador del discurso la idea de que los estadounidenses no saben qué va a hacer Trump con el país o la convicción de que no puede dar lecciones de impuestos alguien que ha eludido pagarlos o que no ha pagado a sus trabajadores tantas veces durante años. Por otro lado, Trump sostenía que la administración demócrata no ha llevado a buen puerto a los EEUU y que no comprende cómo de repente Clinton tiene soluciones mágicas que no aplicaron ni Bill Clinton ni Barack Obama. También sostenía que no debe presidir los EEUU alguien que usó su email personal para temas de Estado

Asimismo, las evidencias rigurosas de cada uno de sus argumentos han brillado por su ausencia dado que se han hecho acusaciones muy fuertes de forma recíproca sin llevar ninguna prueba fehaciente que refuerce sus tesis. En consecuencia, han ido comunicando ideas que son muy difíciles de constatar, más aún siguiendo el debate desde un país extranjero. Por tanto, ha sido un debate repleto de acusaciones personales, sin buenas evidencias y sin debatir de lleno con estadísticas, citas de autoridad que hubieran reforzado sus posturas.

En cuanto a los argumentos sí contestaban a la pregunta del debate: “¿Por qué deben votarme?”. Cabe decir que en el caso de Clinton dejó mucho más clara su intención cuando Trump le preguntaba algo parecido a “¿usted qué hace aquí?” a lo que ella contestó de forma muy seria “me he preparado este debate para ser Presidenta. Eso es lo que quiero”. Por último, ha sido ilustrativo ver cómo sostenían que debían ser Presidentes atacando al contrario y diciendo por qué el otro candidato no debía serlo, en lugar de explicar su programa a los espectadores, elemento muy utilizado en los debates electorales.

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David Ferrete. Análisis de forma interna.

En este áspero debate, la forma interna ha tenido una relevancia destacable. Analizamos la de ambos candidatos:

Observando la estructura de las intervenciones, se distingue un esquema más claro en Clinton, que comienza su discurso con datos o hechos concretos con el fin de cimentar su argumentación. Domina la utilización de evidencias y argumentos, y estos son más profundos y complejos. Sin embargo, deja ámbitos de refutación sin explotar. Pese a demostrar un mayor “background” sobre la situación geopolítica de EEUU, no consigue demostrar una superioridad clara en sus argumentos, puesto que no refuta suficientemente al otro candidato.

Trump, por su parte, tiene una estructura menos compleja, más deslavazada, en la que suele tomar una idea central, sobre la que pivota toda la intervención, hasta que deja clara su tesis por reiteración. Ideas simples, muchas veces repetidas. Resalta la falta de evidencias durante sus turnos, en los que en ocasiones, hace referencia a sus experiencias o, a las de amigos y conocidos, como argumentos de autoridad.

El Lenguaje de ambos candidatos contrasta por obedecer a objetivos dispares. En primer lugar, Trump tiene un lenguaje muy duro, rozando la agresividad en ocasiones, ya que utiliza fórmulas como “…es una vergüenza”, “…es lo peor que le ha pasado al país”, “nefasto”, “Terrible”, etc. en todas sus intervenciones sin excepción. Trata de demostrar su contundencia con un lenguaje bronco, que genera un clima hostil en su discurso. Por otro lado, Clinton, en una actitud mucho más conciliadora, hace referencia con su lenguaje al hecho de que están tratando temas valorativos, en los que ambas posturas son legítimas. Utiliza una sintaxis como “yo creo…”, “…y cada uno tiene su opinión al respecto” que refuerza esta postura. Trump, con su lenguaje, quiere romper con el status quo a través de sus propuestas, mientras que Clinton lo entiende como bueno y pretende mejorarlo.

Ambos tratan de finalizar sus intervenciones de forma impactante, apelando a los aspectos más emocionales de sus respectivos discursos. Clinton habla del factor de mejora de sus propuestas, así de cómo deben sentirse los conciudadanos al respecto. Trump, en cambio, apela a lo nefasto de la situación actual y apuesta por proponer cambios, respaldado por el miedo y una visión fatalista. Sin embargo, en ocasiones el moderador interrumpía las últimas palabras del orador, por excederse el tiempo permitido, mayoritariamente Trump, difuminando la repercusión de esa conclusión final. De ahí se desprende la importancia del control de los tempos, los cuales, Clinton manejaba con mayor maestría.

Por último, existe un desequilibrio mayúsculo en cuanto a la proporción en la que construyen su argumentario y atacan el del otro candidato. Clinton elabora, de forma ordenada, un esquema; plantear un problema y aportar una solución a través de sus argumentos, y salvo referencias personales a Trump, la refutación en sus intervenciones es bastante pobre. Sin embargo el candidato republicano, carga frontalmente contra la postura contraria, de forma algo desordenada, y generalmente abordando sólo un aspecto por intervención. La construcción de sus argumentos, sin embargo, es más banal y menos profunda que la que Clinton ofrece.

anabelquineche

Anabel Quineche. Análisis forma externa.

Estados Unidos, 1960. Primer debate televisivo, elecciones presidenciales: Richard Nixon y John F.Kennedy. Se contempló en el mismo plató a un candidato sudado, enfermo, que no quiso maquillarse frente a un candidato joven, atractivo y que no había subestimado tomar más el sol esa mañana para lucir moreno en pleno programa. Todos aquellos que siguieron el debate por radio afirmaron sin ninguna duda que el ganador había sido Nixon. Qué diferente fue la opinión de los que los observaron en la gran pantalla.

¿Transmite nuestro cuerpo el mismo mensaje que transmiten nuestras palabras? Creo que estar convencida de que todos sabemos la respuesta a esta pregunta. Por ello pasaré a analizar en las siguientes líneas la forma externa del debate que tuvo lugar el pasado 26 de Septiembre entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump y Hillary Clinton, porque además del enfrentamiento con palabras, su lenguaje corporal también debatió esa noche.

Hillary Clinton cuidó en todo momento su contacto visual con la audiencia que la estaba observando en directo al igual que con los que se encontraban al otro lado de la cámara. Debía responder a las preguntas del moderador y refutar a su contrincante, pero sabía que el espectador era esa noche más importante que ellos: tenía que hacer llegar su mensaje a los americanos, convencerles de su postura. Donald Trump, por el contrario, dedicó mayor parte de su contacto a Hillary y al moderador, perdiendo así un importante centro de atención.

¿Cómo era la postura de ambos candidatos frente al atril? Hillary depositaba sus manos juntas y bajas en el atril cuando no le tocaba intervenir, lo que transmitía seguridad y tranquilidad mientras que Trump se aferraba a los laterales, transmitiendo dominio y control pero también rigidez. En cuanto a los gestos, la candidata demócrata sabía acompañar con las manos sus argumentos y dotarles de “precisión” cuando usaba el índice y el pulgar y de “dominio” cuando extendía levemente los brazos. Otro gesto muy frecuente durante el debate fue su sonrisa, usada especialmente cuando recibía ataques de Trump. La sonrisa permite que la objeción del contrincante se subestime, que no se le de importancia o se le considere inferior, infantil. Sin embargo, una sonrisa frecuente, puede denotar nerviosismo. La sonrisa lateral y característica de Donald Trump hizo también su aparición en este debate expresando disconformidad y disgusto. Además de esto fue frecuente que se humedeciera los labios, cerrara los ojos (bloqueo visual) o jugara con el micrófono lo que genera en el espectador una sensación de inseguridad y temor. Su respiración agitada que ha sido tan comentada en las redes sociales, no hizo más que aumentar la imagen de nerviosismo. Respecto a las manos, Trump usa el índice para denotar autoridad y firmeza a la vez que el “ok” con los dedos que permite puntualizar sus argumentos y suavizar otros gestos más agresivos como cuando señala directamente a Hillary Clinton.

La entonación acompañaba cada una de las diferentes partes del discurso  de Hillary y permitía un buen seguimiento. Lo mismo que Trump, únicamente que la tendencia a alzar la voz e interrumpir con frecuencia tanto al moderador como a su compañera genera una imagen agresiva ya mencionada anteriormente. Si nos fijamos en este último factor, Hillary fue interrumpida unas 50 veces mientras que Trump únicamente 17. La interrupción continua para cambiar o negar sus afirmaciones o incluso hablar por encima de ella, transmite inseguridad y falta de respeto a la persona que está hablando.

Finalmente, el uso del papel. La mayor parte de las críticas coincide en que Hillary tenía preparado el debate. Y lo podemos comprobar cuando se dirige a la audiencia con seguridad y tiene un mensaje estructurado. Es concisa y clara. En breves ocasiones dirige la mirada al papel, pero si lo hace da la sensación de tener su postura preparada y trabajada. Muy distinto a las intervenciones de Donald Trump donde luce más su espontaneidad pero el no mirar a sus anotaciones unido a unos argumentos poco estructurados  transmite la falta de preparación, trabajo y conocimiento del tema que se está debatiendo.

En conclusión: Hillary Clinton transmite seguridad, conocimiento, experiencia, tranquilidad, mientras que Donald Trump tiende a la agresividad, firmeza, espontaneidad y nerviosismo. ¿Cuál de las dos formas externas ganó el debate aquella noche? Creo que la mayor parte de la encuestas y críticas coinciden con mi respuesta.

anabelherranz

Anabel Herranz. Análisis de la capacidad para generar debate.

En el ámbito de la oratoria y de la dialéctica, ¿Quién contestó mejor a las preguntas del contrario? ¿Quién fue más cortés? En definitiva, ¿quién de los dos candidatos convenció más?

Rezaba uno de los titulares de El Mundo: “tras el apretón de manos, guantes de boxeo”, y no fue de otra manera. Las presentaciones fueron incisivas y determinaron la actitud de ambos candidatos en lo que restaba de debate: pudimos ver a una Hillary que pedía directamente el voto y se presentaba como oportunidad para mejorar el país, pero de una manera muy sutil y hablando en términos abstractos. Los contrastes estuvieron presentes toda la confrontación, comenzando por el elevado tono de la presentación de Trump, que aportó datos y se centró en su temas paradigmáticos: la economía, el empleo y la inmigración. El candidato no pidió directamente el voto, pero se escudó en frases tales como “It’s going to be a beautiful thing to watch” (Será una cosa bonita de ver).

Como he anticipado antes, esta presentación marcaría las actitudes de los candidatos; pues si entramos de lleno al debate, nos encontramos ante una Hillary en una postura serena y dispuesta, que no rehuía preguntas y tenía estudiadas las respuestas, que nos ofrecía un semblante amable y jovial, que a veces rozaba lo antinatural. Donald (si tomamos la forma de llamarle de la candidata demócrata, que consta en los medios es detestada por él), sin embargo, se posicionaba alerta, irritado, con un tono de voz demasiado alto y a veces agresivo; que no siempre contestaba a los interrogantes, sino que los usaba como pretexto para enaltecer sus méritos y cualidades que le llevarían a ocupar el despacho oval.

No obstante, el candidato republicano anduvo con pies de plomo, ya que no nos mostró su lado más mediático y polémico, sino que se limitó a hablar de su política y no a ofrecernos los titulares a los que nos tiene acostumbrados.

Concluyendo, la candidata respondía mejor a las preguntas, argumentaba y razonaba; quizá de una manera demasiado preparada y sistemática; pero lo hacía. Su oponente, por el contrario, usaba las interpelaciones como oportunidad para atacar, para defenderse o escudarse, pero no ofreció una argumentación sólida, sino datos polémicos y llamativos para amparar sus promesas, al igual que las frases a modo de misiva que lanzaba: “Yo tengo temperamento ganador”.

Para hablar de cortesía en este debate, es necesario reformular la pregunta que se realizó al comienzo de estas líneas: ¿quién ha sido menos descortés?. Las descalificaciones estuvieron presentes en toda la discusión dialéctica, de manera más sutil o menos sutil; pero la balanza cae con las interrupciones, que se llegan a ser molestas para el espectador, por parte de ambos candidatos pero notablemente, por parte de Trump, que utilizaba un casi automático “wrong, wrong, wrong” contra las intervenciones de su rival. Éste último mostró tal nivel de seguridad que menospreciaba continuamente las aportaciones contrarias y esquivaba los ataques de una candidata que preguntaba pero no innovaba proponiendo. 

El debate, regido por la deuda, el ISIS, los puestos de trabajo, la guerra y la inmigración, termina con Hillary poniendo sobre las cuerdas al candidato republicano con la enumeración de sus polémicas declaraciones y dándole el protagonismo a los ciudadanos y al poder sus votos; mientras que Trump promete “volver a hacer América grande de nuevo”, y recalca los problemas del país y su garantía de solucionarlos. 

La clave para ver quien fue capaz de persuadir más, la debemos buscar en el destinatario real de las palabras de los debatientes: Trump debatió para convencer a Hillary de que él, en definitiva, era mejor candidato, había errado menos que ella e iba a ser un mejor presidente. Hillary, sin embargo, debatió para aquellos estadounidenses que se encontraban frente al televisor esa noche y querían confiar su voto y su esperanza de mejorar el país a uno de los dos candidatos. 

La única y definitiva manera de saber quién nos convenció más será el día 8 de Noviembre en las urnas. Hasta entonces, por qué no terminar con una de las frases más célebres del que va a ser un predecesor de uno de los dos candidatos, el Presidente John F. Kennedy: “No os preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros. Preguntaos qué podéis hacer vosotros por vuestro país”.

12 enero, 2017

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Análisis del debate presidencial en Estados Unidos

Volvemos este curso con ganas avid e más debate y no nos está siendo difícil encontrar enfrentamientos dialécticos de los que aprender, para lo bueno y para lo malo.

Por si estás interesado en ver cómo se defienden verbalmente los “debatientes” al otro lado del charco te dejamos el vídeo del debate presidencial estadounidense.

Análisis de nuestros jueces

34f7598

Marta Salgado. Análisis indumentaria.

Contra todo pronóstico y como si los asesores de ambos candidatos se hubieran puesto de acuerdo, Hillary sustituye el azul demócrata por un traje de color rojo y Trump apuesta por el color azul en su corbata. ¿Cuál era su objetivo? Según los expertos, tanto Trump como Clinton están en un momento clave en el que deben utilizar todas las herramientas posibles para obtener los máximos apoyos de los estados rojos y azules. De forma indirecta, era una llamada al cambio.

Analizando con más detalle cada uno de los estilismos. En el caso de Donald Trump, que utilizó un traje de chaqueta color negro y camisa blanca, sigue manteniendo un estilismo poco favorecedor. La elección de la corbata color azul  como llamada de atención pierde fuerza por ser excesivamente larga y con un diseño pasado de moda. El único punto positivo en su look fue la bandera de los EEUU que lucía en su solapa, algo valorado positivamente en las rrss y que apoyaba el sentir patriótico de los estadounidenses.

Por el contrario,  Hillary,  que cuenta con el asesoramiento de Ana Wintour, redactora jefe de Vogue y Kristina Eschake, asesora de Michel Obama, se decantó por un traje pantalón color rojo. A pesar de ser un habitual en sus apariciones públicas, tanto por el corte simétrico del traje,  que le aportaba seguridad y el color rojo  que le daba vitalidad y fuerza, Hillary Clinton fue la clara vencedora con la elección de su estilismo.

jorge

Jorge Méndez. Análisis del fondo.

El debate electoral para las Elecciones Presidenciales de EEUU en noviembre de 2016, entre el republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton ha dejado puntos a señalar desde el punto de vista de la oratoria.

Respecto al fondo, tanto Clinton como Trump han recurrido a argumentos muy poco variados durante la hora y media de debate, de manera que en algunas ocasiones los discursos han sido redundantes. Clinton tenía como elemento vertebrador del discurso la idea de que los estadounidenses no saben qué va a hacer Trump con el país o la convicción de que no puede dar lecciones de impuestos alguien que ha eludido pagarlos o que no ha pagado a sus trabajadores tantas veces durante años. Por otro lado, Trump sostenía que la administración demócrata no ha llevado a buen puerto a los EEUU y que no comprende cómo de repente Clinton tiene soluciones mágicas que no aplicaron ni Bill Clinton ni Barack Obama. También sostenía que no debe presidir los EEUU alguien que usó su email personal para temas de Estado

Asimismo, las evidencias rigurosas de cada uno de sus argumentos han brillado por su ausencia dado que se han hecho acusaciones muy fuertes de forma recíproca sin llevar ninguna prueba fehaciente que refuerce sus tesis. En consecuencia, han ido comunicando ideas que son muy difíciles de constatar, más aún siguiendo el debate desde un país extranjero. Por tanto, ha sido un debate repleto de acusaciones personales, sin buenas evidencias y sin debatir de lleno con estadísticas, citas de autoridad que hubieran reforzado sus posturas.

En cuanto a los argumentos sí contestaban a la pregunta del debate: “¿Por qué deben votarme?”. Cabe decir que en el caso de Clinton dejó mucho más clara su intención cuando Trump le preguntaba algo parecido a “¿usted qué hace aquí?” a lo que ella contestó de forma muy seria “me he preparado este debate para ser Presidenta. Eso es lo que quiero”. Por último, ha sido ilustrativo ver cómo sostenían que debían ser Presidentes atacando al contrario y diciendo por qué el otro candidato no debía serlo, en lugar de explicar su programa a los espectadores, elemento muy utilizado en los debates electorales.

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David Ferrete. Análisis de forma interna.

En este áspero debate, la forma interna ha tenido una relevancia destacable. Analizamos la de ambos candidatos:

Observando la estructura de las intervenciones, se distingue un esquema más claro en Clinton, que comienza su discurso con datos o hechos concretos con el fin de cimentar su argumentación. Domina la utilización de evidencias y argumentos, y estos son más profundos y complejos. Sin embargo, deja ámbitos de refutación sin explotar. Pese a demostrar un mayor “background” sobre la situación geopolítica de EEUU, no consigue demostrar una superioridad clara en sus argumentos, puesto que no refuta suficientemente al otro candidato.

Trump, por su parte, tiene una estructura menos compleja, más deslavazada, en la que suele tomar una idea central, sobre la que pivota toda la intervención, hasta que deja clara su tesis por reiteración. Ideas simples, muchas veces repetidas. Resalta la falta de evidencias durante sus turnos, en los que en ocasiones, hace referencia a sus experiencias o, a las de amigos y conocidos, como argumentos de autoridad.

El Lenguaje de ambos candidatos contrasta por obedecer a objetivos dispares. En primer lugar, Trump tiene un lenguaje muy duro, rozando la agresividad en ocasiones, ya que utiliza fórmulas como “…es una vergüenza”, “…es lo peor que le ha pasado al país”, “nefasto”, “Terrible”, etc. en todas sus intervenciones sin excepción. Trata de demostrar su contundencia con un lenguaje bronco, que genera un clima hostil en su discurso. Por otro lado, Clinton, en una actitud mucho más conciliadora, hace referencia con su lenguaje al hecho de que están tratando temas valorativos, en los que ambas posturas son legítimas. Utiliza una sintaxis como “yo creo…”, “…y cada uno tiene su opinión al respecto” que refuerza esta postura. Trump, con su lenguaje, quiere romper con el status quo a través de sus propuestas, mientras que Clinton lo entiende como bueno y pretende mejorarlo.

Ambos tratan de finalizar sus intervenciones de forma impactante, apelando a los aspectos más emocionales de sus respectivos discursos. Clinton habla del factor de mejora de sus propuestas, así de cómo deben sentirse los conciudadanos al respecto. Trump, en cambio, apela a lo nefasto de la situación actual y apuesta por proponer cambios, respaldado por el miedo y una visión fatalista. Sin embargo, en ocasiones el moderador interrumpía las últimas palabras del orador, por excederse el tiempo permitido, mayoritariamente Trump, difuminando la repercusión de esa conclusión final. De ahí se desprende la importancia del control de los tempos, los cuales, Clinton manejaba con mayor maestría.

Por último, existe un desequilibrio mayúsculo en cuanto a la proporción en la que construyen su argumentario y atacan el del otro candidato. Clinton elabora, de forma ordenada, un esquema; plantear un problema y aportar una solución a través de sus argumentos, y salvo referencias personales a Trump, la refutación en sus intervenciones es bastante pobre. Sin embargo el candidato republicano, carga frontalmente contra la postura contraria, de forma algo desordenada, y generalmente abordando sólo un aspecto por intervención. La construcción de sus argumentos, sin embargo, es más banal y menos profunda que la que Clinton ofrece.

anabelquineche

Anabel Quineche. Análisis forma externa.

Estados Unidos, 1960. Primer debate televisivo, elecciones presidenciales: Richard Nixon y John F.Kennedy. Se contempló en el mismo plató a un candidato sudado, enfermo, que no quiso maquillarse frente a un candidato joven, atractivo y que no había subestimado tomar más el sol esa mañana para lucir moreno en pleno programa. Todos aquellos que siguieron el debate por radio afirmaron sin ninguna duda que el ganador había sido Nixon. Qué diferente fue la opinión de los que los observaron en la gran pantalla.

¿Transmite nuestro cuerpo el mismo mensaje que transmiten nuestras palabras? Creo que estar convencida de que todos sabemos la respuesta a esta pregunta. Por ello pasaré a analizar en las siguientes líneas la forma externa del debate que tuvo lugar el pasado 26 de Septiembre entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump y Hillary Clinton, porque además del enfrentamiento con palabras, su lenguaje corporal también debatió esa noche.

Hillary Clinton cuidó en todo momento su contacto visual con la audiencia que la estaba observando en directo al igual que con los que se encontraban al otro lado de la cámara. Debía responder a las preguntas del moderador y refutar a su contrincante, pero sabía que el espectador era esa noche más importante que ellos: tenía que hacer llegar su mensaje a los americanos, convencerles de su postura. Donald Trump, por el contrario, dedicó mayor parte de su contacto a Hillary y al moderador, perdiendo así un importante centro de atención.

¿Cómo era la postura de ambos candidatos frente al atril? Hillary depositaba sus manos juntas y bajas en el atril cuando no le tocaba intervenir, lo que transmitía seguridad y tranquilidad mientras que Trump se aferraba a los laterales, transmitiendo dominio y control pero también rigidez. En cuanto a los gestos, la candidata demócrata sabía acompañar con las manos sus argumentos y dotarles de “precisión” cuando usaba el índice y el pulgar y de “dominio” cuando extendía levemente los brazos. Otro gesto muy frecuente durante el debate fue su sonrisa, usada especialmente cuando recibía ataques de Trump. La sonrisa permite que la objeción del contrincante se subestime, que no se le de importancia o se le considere inferior, infantil. Sin embargo, una sonrisa frecuente, puede denotar nerviosismo. La sonrisa lateral y característica de Donald Trump hizo también su aparición en este debate expresando disconformidad y disgusto. Además de esto fue frecuente que se humedeciera los labios, cerrara los ojos (bloqueo visual) o jugara con el micrófono lo que genera en el espectador una sensación de inseguridad y temor. Su respiración agitada que ha sido tan comentada en las redes sociales, no hizo más que aumentar la imagen de nerviosismo. Respecto a las manos, Trump usa el índice para denotar autoridad y firmeza a la vez que el “ok” con los dedos que permite puntualizar sus argumentos y suavizar otros gestos más agresivos como cuando señala directamente a Hillary Clinton.

La entonación acompañaba cada una de las diferentes partes del discurso  de Hillary y permitía un buen seguimiento. Lo mismo que Trump, únicamente que la tendencia a alzar la voz e interrumpir con frecuencia tanto al moderador como a su compañera genera una imagen agresiva ya mencionada anteriormente. Si nos fijamos en este último factor, Hillary fue interrumpida unas 50 veces mientras que Trump únicamente 17. La interrupción continua para cambiar o negar sus afirmaciones o incluso hablar por encima de ella, transmite inseguridad y falta de respeto a la persona que está hablando.

Finalmente, el uso del papel. La mayor parte de las críticas coincide en que Hillary tenía preparado el debate. Y lo podemos comprobar cuando se dirige a la audiencia con seguridad y tiene un mensaje estructurado. Es concisa y clara. En breves ocasiones dirige la mirada al papel, pero si lo hace da la sensación de tener su postura preparada y trabajada. Muy distinto a las intervenciones de Donald Trump donde luce más su espontaneidad pero el no mirar a sus anotaciones unido a unos argumentos poco estructurados  transmite la falta de preparación, trabajo y conocimiento del tema que se está debatiendo.

En conclusión: Hillary Clinton transmite seguridad, conocimiento, experiencia, tranquilidad, mientras que Donald Trump tiende a la agresividad, firmeza, espontaneidad y nerviosismo. ¿Cuál de las dos formas externas ganó el debate aquella noche? Creo que la mayor parte de la encuestas y críticas coinciden con mi respuesta.

anabelherranz

Anabel Herranz. Análisis de la capacidad para generar debate.

En el ámbito de la oratoria y de la dialéctica, ¿Quién contestó mejor a las preguntas del contrario? ¿Quién fue más cortés? En definitiva, ¿quién de los dos candidatos convenció más?

Rezaba uno de los titulares de El Mundo: “tras el apretón de manos, guantes de boxeo”, y no fue de otra manera. Las presentaciones fueron incisivas y determinaron la actitud de ambos candidatos en lo que restaba de debate: pudimos ver a una Hillary que pedía directamente el voto y se presentaba como oportunidad para mejorar el país, pero de una manera muy sutil y hablando en términos abstractos. Los contrastes estuvieron presentes toda la confrontación, comenzando por el elevado tono de la presentación de Trump, que aportó datos y se centró en su temas paradigmáticos: la economía, el empleo y la inmigración. El candidato no pidió directamente el voto, pero se escudó en frases tales como “It’s going to be a beautiful thing to watch” (Será una cosa bonita de ver).

Como he anticipado antes, esta presentación marcaría las actitudes de los candidatos; pues si entramos de lleno al debate, nos encontramos ante una Hillary en una postura serena y dispuesta, que no rehuía preguntas y tenía estudiadas las respuestas, que nos ofrecía un semblante amable y jovial, que a veces rozaba lo antinatural. Donald (si tomamos la forma de llamarle de la candidata demócrata, que consta en los medios es detestada por él), sin embargo, se posicionaba alerta, irritado, con un tono de voz demasiado alto y a veces agresivo; que no siempre contestaba a los interrogantes, sino que los usaba como pretexto para enaltecer sus méritos y cualidades que le llevarían a ocupar el despacho oval.

No obstante, el candidato republicano anduvo con pies de plomo, ya que no nos mostró su lado más mediático y polémico, sino que se limitó a hablar de su política y no a ofrecernos los titulares a los que nos tiene acostumbrados.

Concluyendo, la candidata respondía mejor a las preguntas, argumentaba y razonaba; quizá de una manera demasiado preparada y sistemática; pero lo hacía. Su oponente, por el contrario, usaba las interpelaciones como oportunidad para atacar, para defenderse o escudarse, pero no ofreció una argumentación sólida, sino datos polémicos y llamativos para amparar sus promesas, al igual que las frases a modo de misiva que lanzaba: “Yo tengo temperamento ganador”.

Para hablar de cortesía en este debate, es necesario reformular la pregunta que se realizó al comienzo de estas líneas: ¿quién ha sido menos descortés?. Las descalificaciones estuvieron presentes en toda la discusión dialéctica, de manera más sutil o menos sutil; pero la balanza cae con las interrupciones, que se llegan a ser molestas para el espectador, por parte de ambos candidatos pero notablemente, por parte de Trump, que utilizaba un casi automático “wrong, wrong, wrong” contra las intervenciones de su rival. Éste último mostró tal nivel de seguridad que menospreciaba continuamente las aportaciones contrarias y esquivaba los ataques de una candidata que preguntaba pero no innovaba proponiendo. 

El debate, regido por la deuda, el ISIS, los puestos de trabajo, la guerra y la inmigración, termina con Hillary poniendo sobre las cuerdas al candidato republicano con la enumeración de sus polémicas declaraciones y dándole el protagonismo a los ciudadanos y al poder sus votos; mientras que Trump promete “volver a hacer América grande de nuevo”, y recalca los problemas del país y su garantía de solucionarlos. 

La clave para ver quien fue capaz de persuadir más, la debemos buscar en el destinatario real de las palabras de los debatientes: Trump debatió para convencer a Hillary de que él, en definitiva, era mejor candidato, había errado menos que ella e iba a ser un mejor presidente. Hillary, sin embargo, debatió para aquellos estadounidenses que se encontraban frente al televisor esa noche y querían confiar su voto y su esperanza de mejorar el país a uno de los dos candidatos. 

La única y definitiva manera de saber quién nos convenció más será el día 8 de Noviembre en las urnas. Hasta entonces, por qué no terminar con una de las frases más célebres del que va a ser un predecesor de uno de los dos candidatos, el Presidente John F. Kennedy: “No os preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros. Preguntaos qué podéis hacer vosotros por vuestro país”.

12 enero, 2017

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